
Mientras iba al baño de
Carlitos, vi un cuadro de Carlos Gessell. 'Qué raro que acá cuelguen un cuadro de Hemingway', pensé. Me puse a pensar dos segundos y llegué a la conclusión de que cualquier cosa, hasta que cuelguen un cuadro de ese escritor, puede suceder en un lugar donde cada plato de su carta lleva un nombre propio y una dedicatoria especial
A los pocos metros me encontré otro cuadro del mismo gordito, pero este otro tenía una leyenda que aclaraba el apellido costero del protagonista. Me sentí bastante pavo y no me quedó otra que escribir este post
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