
Como una forma de incentivación laboral, en el trabajo de uno de los entrevistados premiaban al más vendedor con un viaje a la casa central, en Alemania. En otras empresas regalaban cámaras digitales a los más productivos. Una chica recordó que hace unos años, en su laburo no otorgaban premios materiales pero sí morales. Los menos útiles integraban la escala Bilbo, si lograbas dejar de ser la escoria pasabas a ser Frodo. Los que se daban maña lograban ser Aragorn y los más eficaces pertenecían a la elite más exclusiva: Gandalf. El que llegaba a ser Gandalf de Oro recibía un pin y una remera
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