Desde mi asiento, detecté a un gordito que viajaba parado, haciendo equilibrio y sin agarrarse de ningún lado. En su mano izquierda sostenía una libretita y con la derecha parecía escribir algo. Lo miré durante un rato y descubrí que estaba dibujando a un viejo que estaba sentado cerca mío. Cuando el viejo se levantó, el gordito se sentó en su lugar y me empezó a mirar a mi. No hacía falta ser muy pillo para darse cuenta de que su retrato humano había pasado a ser yo
'¿Me peino? ¿Suelto el termo? ¿Lo miro o me hago el boludo?' Las preguntas se multiplicaban mientras sentía la mirada del gordito. Antes de bajarme, me acerqué a él y le pedí que me diera el dibujo. 'Todavía no lo terminé', se defendió. 'Dale, lo quiero ver', insistí. 'Pero del otro lado tengo otro', explicó. 'Dale, que me tengo que bajar', dije, con un tono más firme. Arrancó la hoja y me la dio. Es una pena que haya dejado la cara para el final y que no haya llegado a terminarlo
Creo que es lo más cerca que voy a estar en toda mi vida de pedirle a un paparazzi que me entregue la foto que me sacó. Aquí, la prueba de los hechos y el dibujo del viejo, que estaba del otro lado de la hoja. Aclaración: soy el de la izquierda

2 comentarios:
Medio mala onda el uruguayo.
Lo que es el talento, no?
A mi me podés sentar, con el mejor lápiz, una hoja fantásticamente deslizable y me ponés un florero enfrente y saldrá dibujo de primer grado.
El tipo iba parado, haciendo equilibrio y logro eso.
Me genera una admiración increíble.
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