viernes, marzo 31, 2006

Acerca de los daltónicos

Muy al pasar, ayer escuché que alguien mencionaba que era daltónico y eso me despertó la misma curiosidad que durante toda mi vida sentí hacia esta gente

Por empezar, siempre me da risa que al daltónico le pregunten de qué color ven cada cosa. Le muestran sus ropas y le preguntan '¿y este qué color es? ¿Y este otro?'. El daltónico, domesticado, contesta gentil. Se sabe distinto y el precio de ello es responder hasta que su paciencia le diga basta

Me enteré de bastante grande que existían los daltónicos, no recuerdo precisamente la edad (tampoco a los 17, eh, no soy tan gil), pero desde ese momento que siento un poco de envidia hacia ellos. Me resulta muy copada esa sutil diferencia que tienen para ver las cosas. Es como que están un paso más allá, quizás evolucionados. No ven las cosas como todos, tienen un ojo especial. Y eso siempre suena muy cool

5 comentarios:

Nando dijo...

Hola! Necesito hablar contigo... pero no encuentro tu direccion de mail en el perfil... ¿me puedes escribir a nangarridof@gmail.com? Gracias!

jose dijo...

nando: tu mensaje tiene demasiado olor a spam. Si sos de verdá, escribí al mail que aparece en pantalla

Anónimo dijo...

Hola, cómo estás. Mi amiga Malalín me mandó tu comentario sobre los daltónicos. Es que yo lo soy. ¿Me permitís unas observaciones?
Yo no suelo responder "gentilmente" ante las típicas preguntas ridículas. Es que hay gente se pone muy pesada, te lo juro. No tengo problema en hablar sobre el tema y explicar un poco de qué va, pero cuando te tienen dos horas preguntándote por colores, yo opto por responder cualquier cosa. Ejemplo: "¿De qué color ves esta banana, che?". "Fucsia, claro. Para mí, las bananas son fucsias."
En verdad, no siempre puedo responder bien a esas preguntas aunque quisiera. Es que no puedo saber los colores. Por el daltonismo, justamente lo que uno no puede hacer es establecer parámetros entre los colores. Veo bien el blanco, el negro y el amarillo puro, pero suelo tener muchos problemas con el resto. Obviamente, sé -de memoria- algunos colores. Por ejemplo, el atado de cigarros que tengo acá es rojo y blanco. No es que lo vea así, simplemente lo sé porque lo tengo aprendido. Ahora, si lo comparo con otro rojo, tendría que ser exactamente igual para que yo me avive y piense "¡Rojo!". Y si los veo bajo distintas iluminaciones, cagué. De ahí el problema.
Yo me lo tomo con mucho humor y me gusta reírme de los problemas que me suelen pasar. Y me encanta compartir eso con otras personas. Sólo me molesta cuando no entienden y se ponen densos. De hecho, cuando aparece algún boludo, puedo llegar a contraatacar: "Ahora decime vos cómo esto. ¿Y esto? ¿Y esto otro?" Suelo ganar por cansancio. Otros amigos y conocidos daltónicos hacen lo mismo. Por eso dudo de esa gentileza que mencionás.
Más allá de eso, no deja de ser una discapacidad, un problema, principalmente para laburar. O en cuestiones más mundanas, como comprarte pilcha. (Hace unos días me traje una camisa celeste creyéndola rosa. Estaba seguro de que era rosa -me cago en las dicroicas-. Después me sentí bastante pelotudo, pero no me animé a preguntarle a la vendedora de qué color era lo que yo tenía en mis manos. La experiencia me llevó a inhibirme.)
Invito a leer una nota al respecto en la revista de cine El Amante, creo que en el número 165. Y también a escribirme anécdotas daltónicas o comentarios con buen criterio humorológico sobre el tema a:
daltonicosunidos@yahoo.com
Saludos en escala de grises (¡y un beso a Malala que me está leyendo!),

Lobo

Anónimo dijo...

Errata del comentario anterior.
Donde dice "Ahora decime vos cómo esto", debe leerse "Ahora decime vos cómo ves esto".
(Es que estoy muy cansado.)
Saludos (¡y otro beso a Malala que es fan de las erratas!),

Lobo

Eliana López dijo...

Hola. Sabés que yo también envidio a los daltónicos. El otro día me acordé de cuando siendo chica me enteré de que una amiga cumplía años el 29 de febrero, también la envidié mucho por eso, pensaba mucho de noche en ella, la creía muy superior a mí.

También siento envidia (aunque más leve) por la gente zurda. Nunca me pasó, sin embargo, de querer estar enyesada. Sé que a muchos les pasaba eso de chicos.