
La implementación de ese molinito de colores surtió un efecto inesperado. Sigo recibiendo la visita de la paloma que se había encaprichado con cagar sobre mi ropa, pero ya abandonó esa costumbre que casi le cuesta la vida
Gracias a ese molinito, ahora se posa sobre la baranda y se queda ahí, meditando o conteniendo esfínteres, vaya a uno a saber. Igual, sus visitas son cada vez más esporádicas, supongo que el movimiento de ese adorno habrá ayudado a que se buscara un baño nuevo
2 comentarios:
Para mi que el molino la desconcentra durante sus afanes esfintéricos (neologismo puro!)
Bien por tí.
nadie puede ca... con eso adelante...
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