miércoles, agosto 05, 2009

Qué tristeza

La señora del negocio por el que pasé antes de la peluquería me preguntó por qué no había entrado la bici. 'Están robando mucho por acá', me advirtió. Hice cuernitos apenas subí a la bici y temí que me hubiera secado. Frente a la peluquería, barajé la chance de atar la bici a una moto, pero finalmente me decidí por el cantero en el que ya la había dejado otras veces. Estaba junto a una parada de colectivos. La calle es un poco oscura, pero muy transitada, así que entré a la peluquería con cierta tranquilidad. Cuando salí, la bici no estaba. Ni siquiera estaba el candado. Sé que no fue culpa de esa señora, pero todavía me resuenan sus palabras

Voy a extrañar a esta bici. Antes tuve otra igual, que me la robaron en la puerta de la Facultad de Arquitectura. Entiendo que es la ley de la bici: lo más probable es que te la afanen, pero igual me puse muy triste. Vendrán otras bicis, más lindas, más feas, de otros colores, con cambios o contrapedal, pero hoy, ahora, quiero a la mía

1 comentario:

Directora de Orquesta dijo...

Ay, Jose. Te juro que me dolió leerte, casi bajo al garage para ver si la mía estaba bien. Abrazo