De todos los compañeros que tuve en los distintos cursos de alemán, pocas personas me cayeron tan bien como Yucco. Japonesa, petisa, graciosa y tímida a la vez, hacía siempre la tarea, se sentaba al lado de la profe y me tocó hacer algunos ejercicios de diálogos con ella. Hablaba muy bien y el alemán nunca sonó tan gracioso como con ella. Yucco es pop. Se pone todo junto y le queda bien. Animal print, celular con un estuche con perlas, gorro, aros. Más que coqueta, Yucco es casi una intervención que camina. Le falta la mano derecha y el manejo que tiene del muñón es nivel olímpico. Pasé más tiempo mirando su pericia que prestando atención en las clases. La ausencia de cinco dedos no la transformó en alguien con una discapacidad. Por el contrario, no puede parar de hacer cosas. Se peina, busca algo en la cartera, manda un mensajito, se arregla el maquillaje, anota, tira algo a la basura. En ninguno de sus movimientos aparecía un gesto de vergüenza por exponer el muñón. Tan a la vista estaba que para cualquier distraído podía ser una mano chiquita. Lamenté cuando no siguió cursando y la reemplacé por una coreana de 20 años que se reía de todo lo que yo decía (tenía los 10 dedos). En una clase contó que armó un PDF y una presentación en el living de su casa para convencer a sus padres de que quería venir a Berlin.
Volviendo a Yucco, la semana pasada mandó una invitación a una venta de garaje porque se mudaba y me pareció una gran ocasión para el reencuentro. Estaba dejando un departamento espantoso en una zona casi boscosa, a pocos metros del canal. Casi boscosa, ahora, que hay sol, a veces, y la temperatura tiene dos cifras. Durante medio año esa zona es medio desolada, pero bueno, Yucco le puso onda y se mudó al primer lugar que encontró, no es tan fácil encontrar departamento en Berlin. Quinto piso por escalera, cocina y baño sin ventanas, no es el lugar más cálido, aunque Yucco tampoco necesitaba un palacio. Trabaja de vendedora en Uniqlo y no pasa tanto tiempo en su casa. Había ordenado las cosas en bolsas grandes y las mejores pilchas (de Uniqlo) colgaban en una percha de la ventana. Se le notaba el muñón de guitarrero cuando le preguntabas un precio o si el talle era chico. Por optimista y persuasiva casi le compro un vaso de plástico que incluía un tenedor y un vaso más chico. Era espantoso pero ella decía que era ideal para el pic nic y uno pensaba en darle chance. ¿Cuánto podía salir? En eso estábamos, revisando chucherías y mirando el muñón de reojo, cuando el gato de Yucco intentó ingresar al cuarto desde el balcón. Se metió por el pequeño espacio que había quedado de la ventana abierta y se quedó trancado. Casi todo el cuerpo adentro, dos patas y la cola enganchados. Yucco lo agarró por las patas delanteras, el gato se movía, no era fácil de cazar. Después lo tiró para arriba, como a veces se juega con los bebés, el gato movió las patas y de golpe sólo seguía la cola enganchada. Otro empujoncito de Yucco y terminó de salir. Toda la acción estuvo acompañada por los gritos de ella y del animal, similares, en algún punto, agudos y breves. Mi pibe miraba la escena azorado, con los ojos más grandes que nunca. Le tomó mucho miedo al gato y no dejó de relojearlo ni cuando el minino se fue a dormir la siesta a un sillón. Yucco se acercó sigilosa, para no despertarlo, y le sacó una foto que subió a Instagram.
Mostrando las entradas con la etiqueta Como la vida misma. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Como la vida misma. Mostrar todas las entradas
jueves, mayo 21, 2015
Feria americana japonesa
miércoles, abril 22, 2015
Marianito
Camino a la plaza me colgué mirando una mudanza que, por el despliegue sobre la calle, era bastante grande. O, al menos, era de alguien con guita, porque había un par de empleados con guantes y uniforme, uno que anotaba todo en una carpeta, un chofer. A cargo de la movida estaba un flaco de pólar al que creí conocer pero me fue imposible adivinar quién era. ¿Un mongui ex alumno? Por el pólar, lo pensé. Pero no se lo veía muy ex alumno. ¿Un marketinero al que entrevisté una vez en enfrente de esa plaza? No me sonaba. Me lo quedé pensando hasta que me rendí y me dediqué a mi rol de padre en arenero
Al lado de la puerta había una pecera con tapa que decía ser una biblioteca ambulante. Corrí la tapa a ver qué había: tres libros en inglés medio castigados. Abrí la puerta para entrar a la plaza y no había nadie, ni rastros de que alguien hubiera jugado ahí. La arena estaba rastrillada y todavía ninguna huella había intervenido en la obra del empleado que habrá abierto el candado de la diversión. El tobogán acaparó nuestra intención. Estuvimos subiendo por la tabla y bajando por la escalera. ¿Para qué hacerlo como lo hace todo el mundo? Igual no había nadie que esperara su turno. Al rato apareció una señora con un nene. Este es el tipo de charla que disfruto y me falta en Berlin. "Cómo habla el tuyo. Éste no dice nada. Todos le hablamos para que él copie pero hasta ahora nada. Dos años tiene. Marianito, no comas arena. ¿El suyo cómo se llama?", me preguntó. "Mariano, también", mentí de aburrido. "Los Marianitos", dijo. Trabajaba con el patrón desde que él tenía 18 años, no podía creer que ahora fuera padre. A Marianito lo bañaba cuando volvían de la plaza, almuerzo y al jardín. A ella la tenían en blanco y tenía vacaciones. En la plaza las otras chicas siempre se quejan de los patrones pero ella no tenía nada malo que decir. Tampoco Marianito, pensé, pero no lo dije. La onda se fue diluyendo entre que nosotros nos teníamos que ir y Marianito no terminaba de largarse a jugar y quedaba medio enroscado entre las piernas de la señora. Zulma, dijo que se llamaba
En el camino de vuelta la mudanza no había terminado. El flaco que creía conocer se me acercó y me saludó. "Y este cómo creció, ya camina". No tenía la menor idea de quién era. Supuse que nos habíamos visto hace poco, pensé, porque mi pibe tiene un año nomás. No la careteé y le pregunté quién era. "Cristian, del consulado en Frankfurt". Ah, claro, me acordé, era el cónsul, pero sin el traje y la corbata y sin la mujer al lado era mucho más difícil de reconocer. Me pidió que le recordara el nombre del pibe. Marianito. No, mentira, lo pensé, pero respeté su investidura consular
Al lado de la puerta había una pecera con tapa que decía ser una biblioteca ambulante. Corrí la tapa a ver qué había: tres libros en inglés medio castigados. Abrí la puerta para entrar a la plaza y no había nadie, ni rastros de que alguien hubiera jugado ahí. La arena estaba rastrillada y todavía ninguna huella había intervenido en la obra del empleado que habrá abierto el candado de la diversión. El tobogán acaparó nuestra intención. Estuvimos subiendo por la tabla y bajando por la escalera. ¿Para qué hacerlo como lo hace todo el mundo? Igual no había nadie que esperara su turno. Al rato apareció una señora con un nene. Este es el tipo de charla que disfruto y me falta en Berlin. "Cómo habla el tuyo. Éste no dice nada. Todos le hablamos para que él copie pero hasta ahora nada. Dos años tiene. Marianito, no comas arena. ¿El suyo cómo se llama?", me preguntó. "Mariano, también", mentí de aburrido. "Los Marianitos", dijo. Trabajaba con el patrón desde que él tenía 18 años, no podía creer que ahora fuera padre. A Marianito lo bañaba cuando volvían de la plaza, almuerzo y al jardín. A ella la tenían en blanco y tenía vacaciones. En la plaza las otras chicas siempre se quejan de los patrones pero ella no tenía nada malo que decir. Tampoco Marianito, pensé, pero no lo dije. La onda se fue diluyendo entre que nosotros nos teníamos que ir y Marianito no terminaba de largarse a jugar y quedaba medio enroscado entre las piernas de la señora. Zulma, dijo que se llamaba
En el camino de vuelta la mudanza no había terminado. El flaco que creía conocer se me acercó y me saludó. "Y este cómo creció, ya camina". No tenía la menor idea de quién era. Supuse que nos habíamos visto hace poco, pensé, porque mi pibe tiene un año nomás. No la careteé y le pregunté quién era. "Cristian, del consulado en Frankfurt". Ah, claro, me acordé, era el cónsul, pero sin el traje y la corbata y sin la mujer al lado era mucho más difícil de reconocer. Me pidió que le recordara el nombre del pibe. Marianito. No, mentira, lo pensé, pero respeté su investidura consular
domingo, abril 15, 2012
Un barrio sin nombre
El colectivero nos dijo que nos bajemos ahí y nos tomemos el 8 por colectora. Le hicimos caso. Esperamos un rato, venían todos por autopista. Pasó un auto medio destartalado que pedía justicia por Braian. Nos pusimos ansiosos y nos dimos cuenta que íbamos a llegar tarde. 'Busquemos una remisería', propuso Fede. Doblamos la esquina y un paredón de ladrillos naranjas también pedía justicia por Braian. Caminamos dos cuadras en silencio, podía ser cualquier barrio. '¿Dónde estaremos?', preguntó Fede. Ni idea. Encontramos una remisería. La chica que atendía el teléfono fumaba unos rubios largos y tenía una foto de Arjona en el llavero. Conocía a Braian desde que tenía 8 años. Era repartidor de helados y hacía tres días le habían pegado un tiro en un asalto. Ella desde el año pasado viene cerrando la puerta con llave. Para el remis tenía 40 minutos de demora. Nos fuimos a seguir recorriendo el barrio sin nombre. En la entrada de una casa había un perro de yeso y la figura de un tipo tomando mate. En la avenida encontramos una estación de servicio que se había derrumbado durante el temporal. El techo todo doblado tenía apresado un auto negro. Nos llevó un remisero que nos mostraba los árboles derrumbados a los costados de la General Paz. Su hijo lo había llamado a las once y media de la noche, una vez que lo peor de la tormenta ya había pasado. Él había dormido la siesta y no había escuchado nada
jueves, abril 12, 2012
Famosa desde la bici
Recién, rumbo a la peluquería, me crucé a Soledad Villamil. Luego de cuatro entrevistas, para distintas revistas, ya me reconoce, así que nos saludamos, mientras ella hablaba por teléfono. Aproveché la luz roja y el medio segundo de atención que me dedicó para avisarle que le había mandado un mail hacía dos días en el que le contaba sobre No tan distintos
Es que Soledad aparece, de refilón, en el último capítulo porque algunos ex alumnos míos la entrevistaron para un piloto de tele que hicimos hace dos años. Después de varias reuniones, no colocamos el programa en ningún canal, pero en el libro conté toda la experiencia, que fue increíble. Yo ya no era el profe de ellos, éramos compañeros de laburo. Fue muy punk, como pueden ver a continuación, con música de Modern Lovers
Es que Soledad aparece, de refilón, en el último capítulo porque algunos ex alumnos míos la entrevistaron para un piloto de tele que hicimos hace dos años. Después de varias reuniones, no colocamos el programa en ningún canal, pero en el libro conté toda la experiencia, que fue increíble. Yo ya no era el profe de ellos, éramos compañeros de laburo. Fue muy punk, como pueden ver a continuación, con música de Modern Lovers
Etiquetas:
Como la vida misma,
Consejos para ciclistas,
Famosos,
No tan distintos
lunes, abril 09, 2012
No tan distintos
La semana que viene presento mi primer libro. Por lo tanto, son días de emoción. Bien Ahí tuvo mucho que ver para llegar a esto. Gracias a este blog empecé a escribir todos los días, a prestarle cada vez más atención a la escritura, a desarrollar una voz en primera persona que no agobiara. Bien Ahí fue (es) como un juego que me permitió ir escribiendo más y más. Cuando lo empecé, hace bastante ya, sentía que caía siempre en las mismas palabras. Fui buscando la manera propia de escribir, de contar. Ahora, en No tan distintos, me di el gusto de darle lugar a palabras que me gustan, como sondita, mogolismo menemista o carretera del conocmiento. El libro tuvo su génesis en este post. Durante seis años dicté un taller de periodismo para adultos con discapacidad mental. Cuando le mostré esa crónica de la Rosada a María Moreno, me dijo 'si esto es verdad, vos acá tenés un libro'. Decidí escribir sobre algunos mis alumnos: uno era sobreviviente de la segunda guerra, otro se había criado, por error, en un geriátrico, uno con síndrome de down hablaba muy poco claro pero lograba que todos girábamos a su alrededor. Me di cuenta que tenía una mirada y un tono sobre la discapacidad mental, necesitaba bajarla a papel y ampliar los casos. Fui al conurbano, a la patagonia, a la colonia Montes de Oca. Aparecieron más historias, más gente, más palabras, muchas más ideas de las que me imaginaba que tenía
Todo eso, y más, y mejor, es No tan distintos
Ojalá algún viejo lector se encuentre con este post y se interese por el libro. Sin saberlo, tuvo algo que ver
Entonces, la cita es el
Jueves 19 de abril a las 19hs
Centro Cultural de la Cooperación
Sala Floreal Gorini (3º piso) Corrientes 1543
María Moreno va a presentar al libro. Después me van a entrevistar tres periodistas. Marina Levinton y Enzo De Giorgio fueron alumnos míos y la manejan muy bien. Marcelo Franco, que tuvo un programa de radio en FM Palermo durante un par de años, también va a estar en el panel. Están todos invitados, va a estar muy bueno
Todo eso, y más, y mejor, es No tan distintos
Ojalá algún viejo lector se encuentre con este post y se interese por el libro. Sin saberlo, tuvo algo que ver
Entonces, la cita es el
Jueves 19 de abril a las 19hs
Centro Cultural de la Cooperación
Sala Floreal Gorini (3º piso) Corrientes 1543
María Moreno va a presentar al libro. Después me van a entrevistar tres periodistas. Marina Levinton y Enzo De Giorgio fueron alumnos míos y la manejan muy bien. Marcelo Franco, que tuvo un programa de radio en FM Palermo durante un par de años, también va a estar en el panel. Están todos invitados, va a estar muy bueno
Etiquetas:
Agenda,
Autobombo,
Como la vida misma,
No tan distintos
viernes, abril 06, 2012
Agua en la ciudad
Nos juntamos a trabajar un rato en un bar con Fede, se largó a llover, pedimos otra birra, la tomamos, seguía lloviendo, nos tiramos a la aventura del chapuzón, nos despedimos en la esquina de Congreso y Cabildo y desde el 168 saqué estas fotos
jueves, marzo 29, 2012
Minino
Hace tres semanas subí a la terraza mientras hablaba por celular con mi vieja. No supe de dónde salió, pero sin darme cuenta tenía un gatito, bastante cachorro, frotándose contra mi pierna. 'Te tengo que cortar que apareció un gato', dije. Para esa altura, el gatito, negro, bigotes blancos, una mancha blanca en el pecho, estaba panza arriba, esperando mimos. Le hice un par y empezó a hacer ruiditos de cariño. Mejor no podía empezar la relación. Se entretuvo un rato corriendo por la terraza, mirando dentro de cada maceta. Todo recorrido que hacía incluía una paradita al lado mío para más mimos. Perez se había ido a la panadería. Ella quería, hace años, que tuviéramos un gato. No había demasiado tiempo para tomar la decisión. Lo subía a la terraza del vecino y olvidaba esa incipiente amistad o lo dejaba seguir corriendo por todos lados. Para esa altura, la decisión ya se había tomado sola. Cuando llegó Perez, yo tenía una ramita en la mano, se la pasaba cerca al gato, que movía su pata intentando agarrarla
Se quedó todo el día en casa y durmió en la terraza (le pusimos una frazada en un canasto de mimbre pero no le copó mucho). Volvió al día siguiente y se durmió una larga siesta arriba de la cama. Le compramos piedritas y comida. Parecía ser de la calle porque no respondía al ruido de la bolsita de alimento, cuando otros gatos se descontrolan con ese sonido, y no cagaba en las piedritas. Eso sí: mantenía su sed de mimos y juegos. Le pusimos Conga, porque pensábamos que era mujer. Al tercer día consecutivo que estuvo en casa, lo llevamos al veterinario en una mochila, nos enteramos que era Congo, lo vacunamos y recibimos millones de consejos. Al día siguiente no lo vimos, a la tarde nos tocó el portero eléctrico una vecina de la cuadra y nos preguntó si habíamos visto un gato chiquito, negro, que no lo veía hacía tres días. Averiguamos un poco y Congo se había pasado la jornada entera en lo de otro vecino. Qué gato prostituto. Fuimos a la casa de la vecina, le contamos que estaba yendo de casa en casa y también confesamos que lo habíamos vacunado. Ella, con un batón largo y el pelo medio revuelto, parecía una hippie entrada en años: venía de pasar una temporada en Córdoba y al gato le había puesto Om (un nombre unisex). Finalmente, ella lo deja suelto y él nos viene a visitar casi todos los días. Cuando viene a casa le seguimos diciendo Congo. Creció mucho en estas semanas y ya no parece cachorro. Tener un gato de visita me parece mucho mejor que tener un gato
Se quedó todo el día en casa y durmió en la terraza (le pusimos una frazada en un canasto de mimbre pero no le copó mucho). Volvió al día siguiente y se durmió una larga siesta arriba de la cama. Le compramos piedritas y comida. Parecía ser de la calle porque no respondía al ruido de la bolsita de alimento, cuando otros gatos se descontrolan con ese sonido, y no cagaba en las piedritas. Eso sí: mantenía su sed de mimos y juegos. Le pusimos Conga, porque pensábamos que era mujer. Al tercer día consecutivo que estuvo en casa, lo llevamos al veterinario en una mochila, nos enteramos que era Congo, lo vacunamos y recibimos millones de consejos. Al día siguiente no lo vimos, a la tarde nos tocó el portero eléctrico una vecina de la cuadra y nos preguntó si habíamos visto un gato chiquito, negro, que no lo veía hacía tres días. Averiguamos un poco y Congo se había pasado la jornada entera en lo de otro vecino. Qué gato prostituto. Fuimos a la casa de la vecina, le contamos que estaba yendo de casa en casa y también confesamos que lo habíamos vacunado. Ella, con un batón largo y el pelo medio revuelto, parecía una hippie entrada en años: venía de pasar una temporada en Córdoba y al gato le había puesto Om (un nombre unisex). Finalmente, ella lo deja suelto y él nos viene a visitar casi todos los días. Cuando viene a casa le seguimos diciendo Congo. Creció mucho en estas semanas y ya no parece cachorro. Tener un gato de visita me parece mucho mejor que tener un gato
jueves, marzo 22, 2012
Luto
Pinché la rueda de atrás de la bici cuando iba por Córdoba y Thames, más o menos. Unas cuadras antes ya venía tironeando, no entendía qué pasaba hasta que la explosión de la cámara me dejó a pie. No quedó otra que empezar a caminar con la bici a cuestas. Fui a una bicicletería que está por Godoy Cruz: los lunes no abría. Seguí camino hasta ésa que está en una esquina, creo que es Carranza, sobre Córdoba, pero estaban de vacaciones. 'De esto sólo me salva Busatto', pensé. Busatto es una bicicletería familiar que está hace más de 40 años en Colegiales y en la que laburan tres generaciones de Busatto ao vivo. Las paredes están empapeladas con recortes de diarios y revistas con los triunfos de Busatto alrededor del mundo, siempre elegante sobre la bici. Hay vitrinas con trofeos, bicis nuevas, poca luz y mucha mística
Mientras esperaba que me cambiaran la goma y la cámara, noté que distintos clientes se acercaban a la dueña, le daban un beso y el pésame. Ella estaba vestida de negro. Empecé a sospechar que don Busatto la había quedado. Presté más atención y, efectivamente, nos había dejado una semana atrás. 'Esa enfermedad de porquería', suspiró doña Busatto, mientras cobraba un parche. Busatto Jr, junto a su mujer y su hija, seguían trabajando pero a ella se la veía más afectada. Entró un petiso de pelo duro con un bolso gigante en el hombro. Tenía un racimo de biromes azules en la mano. 'Hoy no hace falta', dijo la señora Busatto, mientras el tipo acomodaba el bolso al lado del mostrador. 'No le vine a vender hoy, vine a saludarla', dijo. Se instaló durante 10 minutos, contó sobre la enfermedad que sufrió su madre, le recomendó que lea libros de noche, para distraerse, ella le dijo que ese era el peor horario, se abrazaron, él sacó del bolso un diario de Mercedes y se lo regaló
La nuera de Busatto tardó un poco en hacerme el arreglo y pasé como 40 minutos en el local. Fue como estar en el living de su casa, o en el patio. Busatto Jr. retaba a su hija por no limpiar una bici que estaba en vidriera, la señora leía en voz alto los títulos del diario mercedino que le llamaban la atención (habían robado en un cementerio), por teléfono llegaban más saludos. Antes de irme, dije el primer 'lo siento mucho' de mi vida, pero la verdad que así fue
Mientras esperaba que me cambiaran la goma y la cámara, noté que distintos clientes se acercaban a la dueña, le daban un beso y el pésame. Ella estaba vestida de negro. Empecé a sospechar que don Busatto la había quedado. Presté más atención y, efectivamente, nos había dejado una semana atrás. 'Esa enfermedad de porquería', suspiró doña Busatto, mientras cobraba un parche. Busatto Jr, junto a su mujer y su hija, seguían trabajando pero a ella se la veía más afectada. Entró un petiso de pelo duro con un bolso gigante en el hombro. Tenía un racimo de biromes azules en la mano. 'Hoy no hace falta', dijo la señora Busatto, mientras el tipo acomodaba el bolso al lado del mostrador. 'No le vine a vender hoy, vine a saludarla', dijo. Se instaló durante 10 minutos, contó sobre la enfermedad que sufrió su madre, le recomendó que lea libros de noche, para distraerse, ella le dijo que ese era el peor horario, se abrazaron, él sacó del bolso un diario de Mercedes y se lo regaló
La nuera de Busatto tardó un poco en hacerme el arreglo y pasé como 40 minutos en el local. Fue como estar en el living de su casa, o en el patio. Busatto Jr. retaba a su hija por no limpiar una bici que estaba en vidriera, la señora leía en voz alto los títulos del diario mercedino que le llamaban la atención (habían robado en un cementerio), por teléfono llegaban más saludos. Antes de irme, dije el primer 'lo siento mucho' de mi vida, pero la verdad que así fue
viernes, febrero 24, 2012
Puntero laser
Y hablando de ese show de los Peligrosos Gorriones en Niceto:
Los encargados de Seguridad, desde el primer piso, iluminaban con puntero laser la cara de quienes prendían cigarrillos de marihuana
Por cada porro prendido, uno de seguridad hacía garabatos laser en la cara del consumidor
Dense cuenta: si logran que toda la audiencia esté fresca, la gente verá la realidad y será el fin del rock
Eso sí: dos latas de medio litro de cerveza las cobraban $30
Los encargados de Seguridad, desde el primer piso, iluminaban con puntero laser la cara de quienes prendían cigarrillos de marihuana
Por cada porro prendido, uno de seguridad hacía garabatos laser en la cara del consumidor
Dense cuenta: si logran que toda la audiencia esté fresca, la gente verá la realidad y será el fin del rock
Eso sí: dos latas de medio litro de cerveza las cobraban $30
Etiquetas:
Como la vida misma,
Pensamientos de drogado,
Recitales
miércoles, febrero 22, 2012
Mañana es mejor (pero ayer es idílico)
Ir a ver a los Peligrosos Gorriones con Fede, mi amigo recitalero, fue como saltar hacia atrás en el tiempo.Seguíamos repasando nuestras frases preferidas de la noche ("un poco con sida" o "carabina de homicida") mientras dábamos vueltas por Palermo, el barrio de mi infancia y que también compartimos mucho con Fede porque su antigua novia, actual madre de sus hijos, vivió a pocas cuadras de casa. Hablamos de todo, pasamos por los lugares de siempre, que cambiaron tanto. Y siempre preferimos la foto vieja. No me quiero poner en viejo choto, pero todas esas pizzerías con dicroicas y nombres en italiano son horribles y las torres, un exceso de todo
La última cerveza y el sánguche de mila a medias los pedimos en el único bar no careta de la zona, sobre Salguero, a la altura del pasaje, antes de llegar a Santa Fe. En la tele peleaban dos que nadie conocía y nadie recordará, en la barra una rubia se tomaba un whisky nacional y un pibe de once años compartía mesa con su papá y varios tíos, todos en pedo de vino con hielo
Me volví caminando y pasé cerca de mi departamento de soltero. Evité pasar por la esquina, era demasiado nostalgiazo junto
La última cerveza y el sánguche de mila a medias los pedimos en el único bar no careta de la zona, sobre Salguero, a la altura del pasaje, antes de llegar a Santa Fe. En la tele peleaban dos que nadie conocía y nadie recordará, en la barra una rubia se tomaba un whisky nacional y un pibe de once años compartía mesa con su papá y varios tíos, todos en pedo de vino con hielo
Me volví caminando y pasé cerca de mi departamento de soltero. Evité pasar por la esquina, era demasiado nostalgiazo junto
Etiquetas:
Como la vida misma,
Recitales,
Viejo choto
lunes, marzo 07, 2011
Aviso
Ahora que está cerca la partida, les aviso que me convertiré en un tilingo en cuanto pise suelo europeo. Recordaré con horror el ruido de la calle Sarmiento y se me cerrarán los pulmones al evocar el smog porteño. Cuando monte mi bicicleta por los caminos alemanes me reiré de la ciclovía de Mauricio y el Parque Centenario parecerá un baldío al lado de los parques en los que haré pic nics. Voy a extrañar la carne, la pizza y el helado. Pero todas las birras que pienso tomar harán que el fernet se extrañe menos. Voy a adorar su limpieza, orden y puntualidad. No me pienso escandalizar si un nuevo amigo en lugar de invitarme a tomar mate me da cita para la semana siguiente. Volveré diciendo que 'lo que acá nos falta es...' o bien 'si hay algo que no extrañé fue...'. Y ojalá se me pegue un poco de tonada o algunas palabras en otro idioma
Etiquetas:
Alguien lo tenía que decir,
Como la vida misma
martes, marzo 01, 2011
Se acomodó la brújula
En marzo del año pasado se me rompió la brújula. Me echaron de un laburo que tenía hacía más de cuatro años y que estructuraba mi economía que, como la de casi todo freelancer, era bastante ciclotímica. Pasé unos meses perdido, sin tener demasiado claro qué quería hacer. ¿Armo una productora de contenidos y me pongo a agarrar cualquier laburo que salga? ¿Abro una agencia que se dedique al marketing 2.0 de bandas de rock? La cuestión económica se fue acomodando, gracias a un laburo nuevo, y también gracias a mi abogado, y me inventé la posibilidad de apostar por proyectos propios. Cuando me estaba acomodando a ese nuevo escenario, apareció la oportunidad de instalarnos en Alemania por dos años. De nuevo la brújula se me rompió en la mano. ¿Y ahora? ¿Qué hago en Alemania? Una vez que pasó el susto inicial, me imaginé con tiempo para escribir lo que quisiera. ¿Pero de qué podría escribir? Me puse a pensar en eso y esta vez tuve ideas mucho más terrenales que abrir una agencia que se dedicara al marketing 2.0 de bandas de rock. Empecé a trabajar en dos proyectos que fueron tomando forma, crecieron y se fueron convirtiendo en realidad. Ya está confirmado que voy a escribir uno de esos libros desde allá y al otro le tengo tanta fe que estoy seguro que saldrá para más adelante
Al principio, me incomodaba cuando me preguntaban '¿y vos qué vas a hacer allá?'. Ahora digo 'voy a escribir un libro' y me siento Gardëlën
Al principio, me incomodaba cuando me preguntaban '¿y vos qué vas a hacer allá?'. Ahora digo 'voy a escribir un libro' y me siento Gardëlën
miércoles, febrero 16, 2011
Baulera
A menos de un mes de mi partida hacia la tierra de la cerveza, la salchicha y las consonantes, me sumergí en la baulera de mis viejos para comprobar que allí no hubiese enterrado algo que pudiera necesitar. Me encontré con una bicicleta que mi viejo me regaló a los 12 y usé poco, con una hamaca paraguaya que nunca encontró su lugar y con mi vieja compu de escritorio. Entre unas sillas que eran de mi abuela, al fondo de todo, en el lugar más húmedo, encontré una caja llena de fotos de la juventud de mis viejos. En la playa, en cumpleaños, con familiares, muchas fotos de ellos con sus primeros sobrinos, de esa época en la que todavía no eran padres. Estaban pegoteadas con los negativos, hongueadas, dobladas. Mi vieja aparece con vestidos bastante copados y mi viejo está haciendo una morisqueta en casi todas las fotos. Recaté las fotos, elegí algunas, me las llevé y se las dejé arriba de la mesa. No entendí cómo habían llegado hasta ahí esas fotos, por qué no les interesó cuidar, por ejemplo, las de su casamiento. Ayer le comenté algo de todo esto a mi amigo Edu, que ya es padre, y me dijo que ni intente entenderlo, que él se da cuenta que su hijo nunca va a entender algunas cosas que hace él y que le parece lógico. No estaba en condiciones de llevarle la contra así que le di la razón, pero igual me dieron pena esas fotos ahí abandonadas
sábado, febrero 12, 2011
Una sola certeza
Cuando falta menos de un mes para irme a Alemania, tengo muy pocas cosas confirmadas y una sola certeza: hay fulbito en unas canchitas públicas los martes de 18 a 19.30 por 3 euros. Llego con la camiseta de Buenos Muchachos, un dream team que integré, con la 5 la espalda. Si entro en racha y tomo confianza, un par de semanas después me clavo una vincha y digo que soy el primo enrulado del Pájaro. Total, no me conoce nadie
sábado, febrero 05, 2011
3 cosas que traen mala suerte
Esquivar a los gatos negros y no abrir paraguas debajo del techo son costumbres que conviene mantener, pero la mala suerte también se esconde en nuevos lugares. Es hora de conocerlos:
Usar las escalera mecánica cuando no anda: prefiero usar la escalera normal antes que una eléctrica que no anda. Me parece una clara señal de mala suerte, sobre todo porque estamos queriendo usar algo que, en realidad, tiene otra función. Sobre esa alfombra de metal deberíamos deslizarnos y no hacer esfuerzos. Estamos yendo contra la máquina y eso nunca es bueno. La mala suerte se multiplica si se la usa para subir
Ténder vacío: dejar el ténder vacío y abierto me parece que no llama a la fortuna. Después de usarlo, hay que doblarlo y cerrarlo. Un ténder vacío y abierto es un llamado a que la mala suerte allí se pose, como un pájaro de mal agüero
Pasar por debajo de andamios: desgraciadamente, en los últimos años uno se cruza con demasiados andamios por Buenos Aires porque se construye cualquier cosa en cualquier lado. Siento que estos techitos de fierros cruzados alejan a la suerte, nos imponen un techo que no es real. Los esquivo siempre que puedo e intento jamás caminar por debajo de ellos. No creo que se vayan a venir abajo pero tampoco me siento cómodo allí encerrado
Usar las escalera mecánica cuando no anda: prefiero usar la escalera normal antes que una eléctrica que no anda. Me parece una clara señal de mala suerte, sobre todo porque estamos queriendo usar algo que, en realidad, tiene otra función. Sobre esa alfombra de metal deberíamos deslizarnos y no hacer esfuerzos. Estamos yendo contra la máquina y eso nunca es bueno. La mala suerte se multiplica si se la usa para subir
Ténder vacío: dejar el ténder vacío y abierto me parece que no llama a la fortuna. Después de usarlo, hay que doblarlo y cerrarlo. Un ténder vacío y abierto es un llamado a que la mala suerte allí se pose, como un pájaro de mal agüero
Pasar por debajo de andamios: desgraciadamente, en los últimos años uno se cruza con demasiados andamios por Buenos Aires porque se construye cualquier cosa en cualquier lado. Siento que estos techitos de fierros cruzados alejan a la suerte, nos imponen un techo que no es real. Los esquivo siempre que puedo e intento jamás caminar por debajo de ellos. No creo que se vayan a venir abajo pero tampoco me siento cómodo allí encerrado
jueves, febrero 03, 2011
Vamos DJ, con la mano arriba
Recién son las 24 y me perdí el primer Superclásico del verano, que no me interesaba hasta que supe que no podía verlo, porque en este club de barrio no hay tele. Club de la comunidad paraguaya, en el que una amiga de mi jermu va a festejar su cumple junto a otras amigas y en el que voy a ser DJ por un rato. Con la canchita de papi fútbol decorada con globos, las luces bolicheras encendidas, el sonido armado y la bebida enfriándose, me acerco a la compu para pegarle la primera chequeada a la lista de temas. A pocos pasos de la mesa me doy cuenta que me olvidé en casa el pen drive con la lista que armé especialmente (las carpetas se llamaban Cumbión, Balcanic, Todinho (con música brasilera) y Mamina, poneme un hielito, con hits más actuales). El viaje desde San Telmo Profundo hasta Almagro ida y vuelta me lleva 40 minutos y cerca de la 1.15 me hago cargo de la música. Vuelo de un plumazo un tema supuestamente divertido, no recuerdo si de algún programa de tele o de algún actor que intentó robar con la música. Pongo tres rocanroles muy finos seguidos. Mientras suena Mott the Hoople se acerca una de las cumpleañeras y me avisa que las amigas quieren algo más 'latino'. Arranco con unas cumbias peruanas instrumentales, onda Los Destellos, y acudo a carpetas ajenas para algunos hits tropicales de los 90, tipo Sebastián o Gilda. Menos mal que una chica trajo mucha música que yo no había tenido en cuenta, tipo Shakira, reguetón o 'bailable nacionales', así se llamaba la carpeta que incluía, por ejemplo, Pi pa pú, de Los Visitantes que es nacional pero no creo que sea bailable
Mientras mi asistente me sugiere algunos hits al oído y me trae cerveza, noto que una de las cumpleañeras empieza a venir demasiado seguido a la mesa. Me pide reguetón, me sugiere que me fije en las carpetas que trajo ella. Una se llama 'Los Redondos'. Descartada. Otra 'Tego Calderón', que creo que es un reguetonero pero no estoy seguro. Ella me sugiere algunos temas de Tego, que se debe llamr Tiago y yo me estoy acordando mal pero me da tanta fiaca googlearlo que prefiero rebautizarlo, y los voy mechando a lo largo de la noche. Al fin y al cabo, es la cumpleañera y tiene que escuchar la música que quiere. Al rato se me acerca otra chica y me dice que su novio tiene un disco muy bueno. 'Todo electrónico', dice él, con tono vendedor. Me pareció rara la idea que esa gente, que sólo se movía cuando aparecían las cumbias más conocidas, se bancara el disco del grandote, pero yo ya estaba cansado, me estaba meando encima y no quería más lola. 'Dale, traelo', acepté con un tono de forzadísima buena onda
Le enseñé más o menos cómo se ponían los temas, le señalé el volumen y lo abandoné en la primera curva. No iba yo a hacerme cargo de su disco todo electrónico. Él nunca se había imaginado al frente de la situación pero ahí quedó. A los pocos temas no había nadie bailando, un grupo de amigos se pusieron frente a la pantalla y se peleaban por poner los nacionales bailables o los mejores reguetones que todavía nadie conoce. Aproveché el recreíto para charlar con amigos y para tomar una cervecita más. La fiesta no levantaba y en un momento se dio un silencio. Se había terminado la música. No había nadie frente a la compu. Acefalía total. No lo pude permitir. Me hice cargo de la situación, me di el gusto de poner algunas bandas que me gustan, volví a la cumbia, volvió la gente a la pista, manoteé temas de todos lados y mandé algunos sin tener la menor idea de qué saldría, pero el alcohol también había hecho su parte y ya nadie esperaba tanto de la música. Otra amiga se hizo cargo de la situación cuando volví a cansarme y ya me dolían las piernas de estar tanto rato parado. Me fui de la fiesta con la certeza de haber salvado al mundo una vez más
Mientras mi asistente me sugiere algunos hits al oído y me trae cerveza, noto que una de las cumpleañeras empieza a venir demasiado seguido a la mesa. Me pide reguetón, me sugiere que me fije en las carpetas que trajo ella. Una se llama 'Los Redondos'. Descartada. Otra 'Tego Calderón', que creo que es un reguetonero pero no estoy seguro. Ella me sugiere algunos temas de Tego, que se debe llamr Tiago y yo me estoy acordando mal pero me da tanta fiaca googlearlo que prefiero rebautizarlo, y los voy mechando a lo largo de la noche. Al fin y al cabo, es la cumpleañera y tiene que escuchar la música que quiere. Al rato se me acerca otra chica y me dice que su novio tiene un disco muy bueno. 'Todo electrónico', dice él, con tono vendedor. Me pareció rara la idea que esa gente, que sólo se movía cuando aparecían las cumbias más conocidas, se bancara el disco del grandote, pero yo ya estaba cansado, me estaba meando encima y no quería más lola. 'Dale, traelo', acepté con un tono de forzadísima buena onda
Le enseñé más o menos cómo se ponían los temas, le señalé el volumen y lo abandoné en la primera curva. No iba yo a hacerme cargo de su disco todo electrónico. Él nunca se había imaginado al frente de la situación pero ahí quedó. A los pocos temas no había nadie bailando, un grupo de amigos se pusieron frente a la pantalla y se peleaban por poner los nacionales bailables o los mejores reguetones que todavía nadie conoce. Aproveché el recreíto para charlar con amigos y para tomar una cervecita más. La fiesta no levantaba y en un momento se dio un silencio. Se había terminado la música. No había nadie frente a la compu. Acefalía total. No lo pude permitir. Me hice cargo de la situación, me di el gusto de poner algunas bandas que me gustan, volví a la cumbia, volvió la gente a la pista, manoteé temas de todos lados y mandé algunos sin tener la menor idea de qué saldría, pero el alcohol también había hecho su parte y ya nadie esperaba tanto de la música. Otra amiga se hizo cargo de la situación cuando volví a cansarme y ya me dolían las piernas de estar tanto rato parado. Me fui de la fiesta con la certeza de haber salvado al mundo una vez más
lunes, enero 24, 2011
¿Cómo se dice soga en Alemán? Strick
Por unos segundos, todo se detiene a mi alrededor y quedo hipnotizado por una soga gruesa que aparece en la ventana del aula. Es gruesa, peluda. No imagino de dónde viene porque no hay gente trabajando ni una obra en construcción. La profe sigue hablando en su Alemán natal, Perez tiene cara de dormida y un compañero jubilado, Julio, alcanza el récord de preguntas inútiles por minuto. Pero yo no los escucho porque la soga me abre una ventana hacia la libertad. ¿De dónde colgará? ¿Por qué nadie más la mira? Pienso en abrir la ventana y tirarme sobre ella, como si fuera una liana que me va a rescatar por un rato de esta maraña de consonantes y de preposiciones. Esa soga me llevaría a un lugar mejor, con más aventuras que la de aprender cada declinación para el dativo. ¿Es real la soga? El compañero que está al lado de Julio debería verla, la tiene demasiado cerca. Y tiene mucha pinta de policía. Un oficial que se precie de tal, y que además es bilingüe, con lo cual es muy superior al 96% de sus colegas, debería darse cuenta de que algo esta por pasar. Pero él presta atención y copia todo lo que la profe escribe en el pizarrón. La soga se balancea bruscamente dos o tres veces y comienza a subir. Tomo a ese gesto como un saludo. Siento que la voy a extrañar pero no puedo darme el lujo de seguir distraído. La saludo yo también. Guten morgen
sábado, enero 22, 2011
Ex musical
Llegué al teatro con los brazos cruzados, haciendo puchero, con un amigo que me cuidaba por si me descompensaba y entradas gratis. Fui a ver a Andy Inchausti, con quien toqué todo el año pasado. Pero quiso cambiar de sonido este año y estrenó un trío. Cuando vi el anuncio del show en Facebook me sentí una ex novia. '¿Cómo? ¿Ya? ¿Tan pronto?' Encima publicó una foto, qué promiscuo. Después, por mail, invitó a toda la banda vieja, así que acepté
Me encontré con un ex compañero y le pregunté cómo estaba. 'Como en el casamiento de una ex', me dijo. Me sentí menos solo. Nos sentamos al fondo y me pasé el show buscando los errores, analizando los arreglos nuevos y aguantando las ganas de tocar. También fui el primero en aplaudir en un par de temas que la gente no sabía si habían terminado o si era un arreglo loco. A la salida le dije a Andy que me había gustado todo y lo felicité. A los músicos nuevos no los saludé y los maté con la indiferencia
Me encontré con un ex compañero y le pregunté cómo estaba. 'Como en el casamiento de una ex', me dijo. Me sentí menos solo. Nos sentamos al fondo y me pasé el show buscando los errores, analizando los arreglos nuevos y aguantando las ganas de tocar. También fui el primero en aplaudir en un par de temas que la gente no sabía si habían terminado o si era un arreglo loco. A la salida le dije a Andy que me había gustado todo y lo felicité. A los músicos nuevos no los saludé y los maté con la indiferencia
sábado, enero 08, 2011
Next Level
Tengo comprobado que si a alguna persona le cuento que en marzo me voy a Alemania, una de sus primeras tres preguntas será '¿y con la casa qué vas a hacer?'. Durante meses, respondí que recién me iba a preocupar por ese tema cuando volviera de la luna de miel. Dos días después de haber vuelto, un gran amigo se transformó en inquilino. Me alivió tanto que esa respuesta llegara tan rápida y naturalmente. Él se quedó mientras no estuvimos, la cuidó, aprendió las mañas para algunas puertas, le habló a las plantas (también las regó), conoció a Lili. Esa pregunta era como una usina de ansiedad. Ahora que está desactivada, permite planificar con mayor claridad. Por ejemplo, cada vez que abro el placard miro la ropa y juego un casting mental. Imagino qué me llevaré y qué será descartado. El jueves separé unas cuantas remeras que no vendrán a la aventura europea y se las regalé a unos amigos (hippies). Las dejé arriba de una mesa y dejé que ellos se las dividieran. Con estas cositas, y también con empezar esta semana un curso intensivo de Alemán, me doy cuenta de que me estoy yendo. Y a medida que se acerca la fecha (que no tengo confirmada), me voy cebando un poquito más
jueves, diciembre 16, 2010
Sí sí sí
Hoy me caso
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




