De todos los compañeros que tuve en los distintos cursos de alemán, pocas personas me cayeron tan bien como Yucco. Japonesa, petisa, graciosa y tímida a la vez, hacía siempre la tarea, se sentaba al lado de la profe y me tocó hacer algunos ejercicios de diálogos con ella. Hablaba muy bien y el alemán nunca sonó tan gracioso como con ella. Yucco es pop. Se pone todo junto y le queda bien. Animal print, celular con un estuche con perlas, gorro, aros. Más que coqueta, Yucco es casi una intervención que camina. Le falta la mano derecha y el manejo que tiene del muñón es nivel olímpico. Pasé más tiempo mirando su pericia que prestando atención en las clases. La ausencia de cinco dedos no la transformó en alguien con una discapacidad. Por el contrario, no puede parar de hacer cosas. Se peina, busca algo en la cartera, manda un mensajito, se arregla el maquillaje, anota, tira algo a la basura. En ninguno de sus movimientos aparecía un gesto de vergüenza por exponer el muñón. Tan a la vista estaba que para cualquier distraído podía ser una mano chiquita. Lamenté cuando no siguió cursando y la reemplacé por una coreana de 20 años que se reía de todo lo que yo decía (tenía los 10 dedos). En una clase contó que armó un PDF y una presentación en el living de su casa para convencer a sus padres de que quería venir a Berlin.
Volviendo a Yucco, la semana pasada mandó una invitación a una venta de garaje porque se mudaba y me pareció una gran ocasión para el reencuentro. Estaba dejando un departamento espantoso en una zona casi boscosa, a pocos metros del canal. Casi boscosa, ahora, que hay sol, a veces, y la temperatura tiene dos cifras. Durante medio año esa zona es medio desolada, pero bueno, Yucco le puso onda y se mudó al primer lugar que encontró, no es tan fácil encontrar departamento en Berlin. Quinto piso por escalera, cocina y baño sin ventanas, no es el lugar más cálido, aunque Yucco tampoco necesitaba un palacio. Trabaja de vendedora en Uniqlo y no pasa tanto tiempo en su casa. Había ordenado las cosas en bolsas grandes y las mejores pilchas (de Uniqlo) colgaban en una percha de la ventana. Se le notaba el muñón de guitarrero cuando le preguntabas un precio o si el talle era chico. Por optimista y persuasiva casi le compro un vaso de plástico que incluía un tenedor y un vaso más chico. Era espantoso pero ella decía que era ideal para el pic nic y uno pensaba en darle chance. ¿Cuánto podía salir? En eso estábamos, revisando chucherías y mirando el muñón de reojo, cuando el gato de Yucco intentó ingresar al cuarto desde el balcón. Se metió por el pequeño espacio que había quedado de la ventana abierta y se quedó trancado. Casi todo el cuerpo adentro, dos patas y la cola enganchados. Yucco lo agarró por las patas delanteras, el gato se movía, no era fácil de cazar. Después lo tiró para arriba, como a veces se juega con los bebés, el gato movió las patas y de golpe sólo seguía la cola enganchada. Otro empujoncito de Yucco y terminó de salir. Toda la acción estuvo acompañada por los gritos de ella y del animal, similares, en algún punto, agudos y breves. Mi pibe miraba la escena azorado, con los ojos más grandes que nunca. Le tomó mucho miedo al gato y no dejó de relojearlo ni cuando el minino se fue a dormir la siesta a un sillón. Yucco se acercó sigilosa, para no despertarlo, y le sacó una foto que subió a Instagram.
Mostrando las entradas con la etiqueta Regateo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Regateo. Mostrar todas las entradas
jueves, mayo 21, 2015
Feria americana japonesa
miércoles, noviembre 12, 2008
Regateo frustrado
miércoles, julio 30, 2008
Regateo en librería de usados

La semana pasada puse en una bolsa una mini serie de Batman de 4 tomos, todos los libros de comics que tenía de Los Simpsons (todos en inglés y creo que eran como 7. ¡Muy 1 a 1!) y un libro que me habían mandado de una editorial para una nota que tuve que hacer este año (incluía CD de regalo) y encaré hacia una casa de libros usados
El flaco del negocio se puso a hojear todas las publicaciones. Empezó por una de Batman. La primera hoja que quiso pasar se la quedó en la mano. La segunda página también se salió de su lugar. 'Se ve que está más viejo de lo que me acordaba", le dije. Me preguntó cuánto pedía por todo. Le dije que no tenía idea. Tasó a todos mis libros en $55, no sé con qué criterio, y yo acepté porque mi principal objetivo era sacarme todo eso bosta de encima. Hurgué entre su infinita colección de libros sus usados, hasta que elegí a 'Adiós a las armas', 'Suave es la noche' y 'Dormir al sol' y también me quedé con 'Ficciones', que estaba nuevo. La suma total daba $57. 'Me imagino que está todo bien', le sugerí. El aceptó y cerramos trato los dos muy contentos
No sé si hice un gran negocio, pero al menos me deshice de varios libros que sólo ocupaban lugar y me quedé con otros que me dan ganas de leer
sábado, junio 28, 2008
Regateando en Once
Ayer recibí una invitación irresistible: Marina K. me pidió que la acompañara a unas galerías del Once para comprarse un celular usado porque el día anterior le habían robado el suyo y necesitaba rápido tener uno. Mi función estaba muy clara: regatear el precio en el momento indicado
Nos sumergimos en el, hasta entonces, desconocido mundo de las galerías de celulares del Once. Según le habían dicho, la onda era bastante informal y se podía pelear el precio. Primero entramos a algunos locales, pero no tuvimos mucha suerte. Cuando nos quedamos dudando por ahí parados, se nos acercaron algunos vendedores a ofrecernos distintos modelos. A ella le daba cierta culpa comprar un 'usado' porque sospechaba que era un eufemismo de 'robado'
Luego de recorrer la galería entera, nos decidimos por un local, en el que estaba el modelo que quería ella y que era el mismo que le habían choreado. El teléfono estaba bastante baqueteado y la tapita se le salía casi con mirarla. Ese detalle la llevó a tentarse con el modelo de al lado, que era un poco peor, pero al menos era nuevo y no le quedaba la sensación de estar comprando algo que le habían afanado a alguien
Le pedían $250 por el nuevo y ese era exactamente lo máximo que me contó que quería gastar. Cuando se empezó a hablar del precio, sentí que era hora de entrar en escena. Hice algún chiste tonto, comenté que era fin de mes, que todavía no habíamos cobrado y que le ofrecíamos $220. La vendedora (y su pareja, que apareció repentinamente) nos explicó que iba a comisión y que lo máximo que podía bajarnos era diez pesos. Pese a que el teléfono no era para mi, me hice cargo de la causa y peleé el precio un rato más, aunque sin éxito. Finalmente, Marina pagó $240 y se fue contenta por tener un teléfono nuevo y no uno con manchas de sangre. Yo confieso que no me fui tan conforme con mi performance, pero desde el primer minuto supe que era una misión dificilísima
Nos sumergimos en el, hasta entonces, desconocido mundo de las galerías de celulares del Once. Según le habían dicho, la onda era bastante informal y se podía pelear el precio. Primero entramos a algunos locales, pero no tuvimos mucha suerte. Cuando nos quedamos dudando por ahí parados, se nos acercaron algunos vendedores a ofrecernos distintos modelos. A ella le daba cierta culpa comprar un 'usado' porque sospechaba que era un eufemismo de 'robado'
Luego de recorrer la galería entera, nos decidimos por un local, en el que estaba el modelo que quería ella y que era el mismo que le habían choreado. El teléfono estaba bastante baqueteado y la tapita se le salía casi con mirarla. Ese detalle la llevó a tentarse con el modelo de al lado, que era un poco peor, pero al menos era nuevo y no le quedaba la sensación de estar comprando algo que le habían afanado a alguien
Le pedían $250 por el nuevo y ese era exactamente lo máximo que me contó que quería gastar. Cuando se empezó a hablar del precio, sentí que era hora de entrar en escena. Hice algún chiste tonto, comenté que era fin de mes, que todavía no habíamos cobrado y que le ofrecíamos $220. La vendedora (y su pareja, que apareció repentinamente) nos explicó que iba a comisión y que lo máximo que podía bajarnos era diez pesos. Pese a que el teléfono no era para mi, me hice cargo de la causa y peleé el precio un rato más, aunque sin éxito. Finalmente, Marina pagó $240 y se fue contenta por tener un teléfono nuevo y no uno con manchas de sangre. Yo confieso que no me fui tan conforme con mi performance, pero desde el primer minuto supe que era una misión dificilísima
jueves, marzo 13, 2008
Nuevo regateo en Belgrano
jose: Bueno, me llevo esta bermuda, entonces
Vendedora 1: Dale, serían $55
jose: Ah, yo pensé que por mi incondicionalidad con este negocio me la iban a dejar a $50
Vendedora 1: Ehh, bueno, no sé (dudando)
Vendedora 2: (la que me conoce): Y sí, dejemosela a 50
jose: Buenísimo, gracias, nos vemos
Un nuevo éxito que demuestra que regatear no es faltarle el respeto a nadie, sino que puede beneficiar tanto al vendedor como al comprador. A los moralistas que se indignan con estos posts, los invito a callarse antes de cacarear
Vendedora 1: Dale, serían $55
jose: Ah, yo pensé que por mi incondicionalidad con este negocio me la iban a dejar a $50
Vendedora 1: Ehh, bueno, no sé (dudando)
Vendedora 2: (la que me conoce): Y sí, dejemosela a 50
jose: Buenísimo, gracias, nos vemos
Un nuevo éxito que demuestra que regatear no es faltarle el respeto a nadie, sino que puede beneficiar tanto al vendedor como al comprador. A los moralistas que se indignan con estos posts, los invito a callarse antes de cacarear
lunes, diciembre 17, 2007
Diálogo en el service
jose: Hola, ¿cómo te va?
Hombre del service: Bien, ¿qué hacés?
jose: Bien, vengo porque le dejé una tele a tu mujer la semana pasada
Hombre del service: Ah, no sabía que vos eras José
jose: Sí, ¿qué tenía la tele? (haciéndome el interesado)
Hombre del service: Se le había roto el vertical y el rrr (dijo algo que no entendí)
jose: Ah, ¿cómo se habrá roto? (con voz de inocente, preparándome para dar el zarpazo)
Hombre del service: Y, bueno, las teles nuevas blaca blaca blaca blaca, no como antes, con las teles viejas blaca blaca blaca blaca
jose: No, seguro. ¿Y cuánto me va a salir?
Hombre del service: $140
jose: (silencio de unos segundos, siempre clave, mirando a los ojos) Ah, bueno. Hagamoslo. ¿Para cuándo va a estar?
Hombre del service: Para el miércoles o jueves
jose: Vos sabés que ese no es el precio final, ¿no?
Hombre del service: Si sabía que vos eras José te pasaba $200. Es demasiado temprano para pelear el precio, así que lo hablamos el miércoles
Habrá que esperar, entonces, para ver si consigo un nuevo triunfo en el milenario arte del regateo. Vuelvo a pedirle a los moralistas que aparecen con cada post del regateo que no me vengan con sus discursitos. Gracias
Hombre del service: Bien, ¿qué hacés?
jose: Bien, vengo porque le dejé una tele a tu mujer la semana pasada
Hombre del service: Ah, no sabía que vos eras José
jose: Sí, ¿qué tenía la tele? (haciéndome el interesado)
Hombre del service: Se le había roto el vertical y el rrr (dijo algo que no entendí)
jose: Ah, ¿cómo se habrá roto? (con voz de inocente, preparándome para dar el zarpazo)
Hombre del service: Y, bueno, las teles nuevas blaca blaca blaca blaca, no como antes, con las teles viejas blaca blaca blaca blaca
jose: No, seguro. ¿Y cuánto me va a salir?
Hombre del service: $140
jose: (silencio de unos segundos, siempre clave, mirando a los ojos) Ah, bueno. Hagamoslo. ¿Para cuándo va a estar?
Hombre del service: Para el miércoles o jueves
jose: Vos sabés que ese no es el precio final, ¿no?
Hombre del service: Si sabía que vos eras José te pasaba $200. Es demasiado temprano para pelear el precio, así que lo hablamos el miércoles
Habrá que esperar, entonces, para ver si consigo un nuevo triunfo en el milenario arte del regateo. Vuelvo a pedirle a los moralistas que aparecen con cada post del regateo que no me vengan con sus discursitos. Gracias
martes, noviembre 13, 2007
No lo quise evitar
Ayer estaba viendo ropa en una galería de Belgrano y me topé con esta remera. Apenas la vi, supe que me la iba a comprar. De tan horrible, me pareció hermosa. Antes de pagar, le recordé al vendedor que ya le había comprado una chomba hacía unos meses y que, en esa oportunidad, él me había prometido hacerme un descuento en mi próxima compra. Dicho y hecho, la pagué 5 peluchas menos
miércoles, junio 06, 2007
Diálogo en otro negocio
jose: Me parece que el talle está medio justo, pero la llevo igual
Vendedora a la que habitualmente le compro: Dale, buenísimo
jose: ¿Cuánto era? (típica pregunta cuando me estoy haciendo el boludo)
Vendedora a la que habitualmente le compro: $40
jose: ¿Y hoy no me vas a hacer ningún descuento?
Vendedora a la que habitualmente le compro: Tenés razón. Dame $37
Una vez más, aclaro para los que no entienden la esencia del arte del regateo: la onda no es hacer una diferencia abismal de dinero, sino simplemente no pagar lo que te dicen y terminar pagando un poco menos
Mauricio diría: está bueno el regateo
Vendedora a la que habitualmente le compro: Dale, buenísimo
jose: ¿Cuánto era? (típica pregunta cuando me estoy haciendo el boludo)
Vendedora a la que habitualmente le compro: $40
jose: ¿Y hoy no me vas a hacer ningún descuento?
Vendedora a la que habitualmente le compro: Tenés razón. Dame $37
Una vez más, aclaro para los que no entienden la esencia del arte del regateo: la onda no es hacer una diferencia abismal de dinero, sino simplemente no pagar lo que te dicen y terminar pagando un poco menos
Mauricio diría: está bueno el regateo
martes, octubre 10, 2006
Diálogo en un negocio
jose: llevo estas dos remeras
Vendedora: muy bien. Son $53
jose: ¿Sabés que me había imaginado que me ibas a hacer un precio por llevar dos?
Vendedora: ¿Sabés que te imaginaste mal?
jose: (dejo mi clásico silencio de regateo) ¿Ah, sí? Pensalo bien, tomate tu tiempo
Vendedora: no puedo, en serio
jose: pensalo bien
Vendedora: (agarra la calculadora, tarda unos segundos) está bien, te las dejo a $50, aunque yo pierdo un peso y medio y mi socia otro peso y medio
Ya no quedan dudas. Tengo un don natural para el regateo
Vendedora: muy bien. Son $53
jose: ¿Sabés que me había imaginado que me ibas a hacer un precio por llevar dos?
Vendedora: ¿Sabés que te imaginaste mal?
jose: (dejo mi clásico silencio de regateo) ¿Ah, sí? Pensalo bien, tomate tu tiempo
Vendedora: no puedo, en serio
jose: pensalo bien
Vendedora: (agarra la calculadora, tarda unos segundos) está bien, te las dejo a $50, aunque yo pierdo un peso y medio y mi socia otro peso y medio
Ya no quedan dudas. Tengo un don natural para el regateo
viernes, julio 14, 2006
Verde
Aquellos que me miraban de reojo por ser defensor del Arte del regateo, acá tienen una muestra de que con mi Tía Eli somos pioneros en una disciplina que se impone en China
El copete de la nota: "La gente se encuentra en sitios web y coordina encuentros masivos en comercios para solicitar descuentos de hasta un 30%. La modalidad es todo un fenómeno de consumo en ese país. En Argentina todavía está verde".
Gracias a Flor, por el pertiné envío de la nota
El copete de la nota: "La gente se encuentra en sitios web y coordina encuentros masivos en comercios para solicitar descuentos de hasta un 30%. La modalidad es todo un fenómeno de consumo en ese país. En Argentina todavía está verde".
Gracias a Flor, por el pertiné envío de la nota
viernes, junio 30, 2006
martes, junio 27, 2006
El regateo llegó a la facultad
Llegué a la facultad con cierta esperanza. Con un 7 me alcanzaba para promocionar Historia, luego de haber tenido un 6 en el primer parcial. Sinceramente, creía que iba a recibir un 7, había hecho un parcial más que digno
En mi memoria resonaban las palabras de un amigo, que es docente universitario: 'si un alumno tiene un 6 en el primer parcial y veo que el segundo está para otro 6, le pongo un 7 para que no me rompa las pelotas'. Quizás mi amigo sea mejor amigo que docente, no sé, pero la verdad es que su extraña lógica me había dado ilusiones
Me senté, como siempre, junto a mi fiel amigo García. Nos llamaron por lista a recibir la nota. Yo pasé primero y recibí lo inesperado: otro 6. La suerte de mi amigo fue aún peor: un 5. 'Quedaste como Suiza: eliminado sin goles en contra', me dijo en otra alegoría mundialista. Yo me acordaba de las palabras de Jorge Valdano, cuando no fue convocado para el Mundial 90: 'crucé el océano a nado y me ahogué en la orilla'. Mientras García agarraba sus cosas para irse, yo me empeciné en que todavía quedaba esperanza, algo me decía que ese 6 no podía ser tan redondo como se veía
En un primer momento me apichoné. '¿Quién soy yo para pelearle la nota a este viejo, que está dando clase en la UBA hace exactamente 20 años?', me preguntaba. Pocos minutos después me di cuenta de que estaba errado: no tenía que ir a pelear la nota, tenía que ir con otro tono, más conciliador
Tuve tiempo de pensar las mil excusas para darle al viejo, mientras corregía un parcial: que la nota es injusta (demasiado agresivo); que en realidad es sólo un punto más, ¿qué le cuesta? (demasiado arrastrado); que esta es mi primera materia de la carrera, no sea así (demasiado lastimoso); que vine todas las clases, eso debería sumar como nota de concepto (demasiado ñoño); que no entiendo porqué me dice que algunas respuestas están incompletas: las variantes de mi discurso eran infinitas, pero ninguna me convencía. Así que opté para ir a lo básico: 'quería saber qué le faltó al parcial. Entiendo que una pregunta está incompleta, es justo el tema que menos preparé, pero pensé que las otras dos estaban para más', me animé a decirle
El viejo me invitó a sentarnos juntos en un banco, releyó todo el parcial y me explicó puntualmente cuáles habían sido mis omisiones. No tenía errores graves, pero me faltaba profundizar en algunos temas
'Si me pone un 7 vuelvo manejando la bici en cuero y cantando 'Noches mágicas', la canción de Italia 90', pensaba, desesperado, mientras él leía silencioso
Se extendió un poco en su explicación, a la que yo intentaba aportar algo, como para parecer interesado. '¿Tenés un 6 en el primer parcial?', volvió a preguntar. Le dije que sí. 'Está bien, yo te pongo un 7 en este, pero la verdad es que el parcial está para 6'. No dije nada más, no fuera cosa que la cagara justo ahí
Tachó el 6 que había escrito, al lado puso un 7 y me dijo la fecha en la que van a firmar las libretas. 'Muchas gracias, Jorge. Le agradezco', fueron mis últimas palabras, mientras intentaba esconder la sonrisa. Después me subí a la bici y cante 'Noches máginas' (o 'Notimáchine', en fonética) mientras andaba por Córdoba. No me quedé en cuero porque hacía demasiado frío. Con todo esto, podemos anunciar que el arte del regateo ha llegado a la facultad
Nota: si tuviera escáner, una imagen del 6 tachado y el 7 al lado estarían ilustrando el post. Pero no tengo
En mi memoria resonaban las palabras de un amigo, que es docente universitario: 'si un alumno tiene un 6 en el primer parcial y veo que el segundo está para otro 6, le pongo un 7 para que no me rompa las pelotas'. Quizás mi amigo sea mejor amigo que docente, no sé, pero la verdad es que su extraña lógica me había dado ilusiones
Me senté, como siempre, junto a mi fiel amigo García. Nos llamaron por lista a recibir la nota. Yo pasé primero y recibí lo inesperado: otro 6. La suerte de mi amigo fue aún peor: un 5. 'Quedaste como Suiza: eliminado sin goles en contra', me dijo en otra alegoría mundialista. Yo me acordaba de las palabras de Jorge Valdano, cuando no fue convocado para el Mundial 90: 'crucé el océano a nado y me ahogué en la orilla'. Mientras García agarraba sus cosas para irse, yo me empeciné en que todavía quedaba esperanza, algo me decía que ese 6 no podía ser tan redondo como se veía
En un primer momento me apichoné. '¿Quién soy yo para pelearle la nota a este viejo, que está dando clase en la UBA hace exactamente 20 años?', me preguntaba. Pocos minutos después me di cuenta de que estaba errado: no tenía que ir a pelear la nota, tenía que ir con otro tono, más conciliador
Tuve tiempo de pensar las mil excusas para darle al viejo, mientras corregía un parcial: que la nota es injusta (demasiado agresivo); que en realidad es sólo un punto más, ¿qué le cuesta? (demasiado arrastrado); que esta es mi primera materia de la carrera, no sea así (demasiado lastimoso); que vine todas las clases, eso debería sumar como nota de concepto (demasiado ñoño); que no entiendo porqué me dice que algunas respuestas están incompletas: las variantes de mi discurso eran infinitas, pero ninguna me convencía. Así que opté para ir a lo básico: 'quería saber qué le faltó al parcial. Entiendo que una pregunta está incompleta, es justo el tema que menos preparé, pero pensé que las otras dos estaban para más', me animé a decirle
El viejo me invitó a sentarnos juntos en un banco, releyó todo el parcial y me explicó puntualmente cuáles habían sido mis omisiones. No tenía errores graves, pero me faltaba profundizar en algunos temas
'Si me pone un 7 vuelvo manejando la bici en cuero y cantando 'Noches mágicas', la canción de Italia 90', pensaba, desesperado, mientras él leía silencioso
Se extendió un poco en su explicación, a la que yo intentaba aportar algo, como para parecer interesado. '¿Tenés un 6 en el primer parcial?', volvió a preguntar. Le dije que sí. 'Está bien, yo te pongo un 7 en este, pero la verdad es que el parcial está para 6'. No dije nada más, no fuera cosa que la cagara justo ahí
Tachó el 6 que había escrito, al lado puso un 7 y me dijo la fecha en la que van a firmar las libretas. 'Muchas gracias, Jorge. Le agradezco', fueron mis últimas palabras, mientras intentaba esconder la sonrisa. Después me subí a la bici y cante 'Noches máginas' (o 'Notimáchine', en fonética) mientras andaba por Córdoba. No me quedé en cuero porque hacía demasiado frío. Con todo esto, podemos anunciar que el arte del regateo ha llegado a la facultad
Nota: si tuviera escáner, una imagen del 6 tachado y el 7 al lado estarían ilustrando el post. Pero no tengo
lunes, mayo 08, 2006
Más sobre el arte del regateo
El viernes pasado tuve que llevar de nuevo la video al service. El flaco que atiende me pasó el presupuesto y me pidió 55 mangos
'Obviamente me decís 55 para quedar en 50, no?', le dije. El flaco se rió, ya es como la cuarta vez que le regateo y me dijo que sí, pero me aclaró que no todo el mundo le regatea
Yo le expliqué que es una costumbre familiar, que no puedo evitar hacerlo y que hasta tenía escritas cosas al respecto. El me dijo que era muy buen regateador y hasta me preguntó si podía acompañarlo a regatearle a algunos proveedores. 'Será un placer', le dije. Este triunfo del regateo se lo dedico a los cagones que me decían que el flaco me iba a arreglar los equipos por la mitad porque yo le había regateado. Aprendan y emulen al maestro
'Obviamente me decís 55 para quedar en 50, no?', le dije. El flaco se rió, ya es como la cuarta vez que le regateo y me dijo que sí, pero me aclaró que no todo el mundo le regatea
Yo le expliqué que es una costumbre familiar, que no puedo evitar hacerlo y que hasta tenía escritas cosas al respecto. El me dijo que era muy buen regateador y hasta me preguntó si podía acompañarlo a regatearle a algunos proveedores. 'Será un placer', le dije. Este triunfo del regateo se lo dedico a los cagones que me decían que el flaco me iba a arreglar los equipos por la mitad porque yo le había regateado. Aprendan y emulen al maestro
Suscribirse a:
Entradas (Atom)