
Con el paso del tiempo, se fue diluyendo la frustración que me generaba no poder hacer ciertas posturas. Es casi lógico que no las pueda hacer: si nunca logré tomarme los pies sin doblar las rodillas, ¿por qué iba lograrlo en pocos meses, en jogging, sobre una colchoneta y en un lugar con olor a saumerio? Empecé a no concentrarme en llegar, sino en ir llegando a tomarme los pies. 'Intención de tocar la rodilla con la cabeza', dice mi profe, y yo ni siquiera me tomo en serio la consigna, pero me quedo con la parte de la intención. Voy yendo hacia la rodilla con la cabeza, pero todavía no llego, ni voy a llegar en un par de años, pero voy a ir haciendo esfuerzos (no siempre los mejores ni los más grandes, lo confieso, porque todo esto del yoga también me da mucha fiaca). Me parece que es por ahí la cosa y que sin intenciones no llegamos a ningún lado. Tal vez, con las intenciones tampoco llegamos, pero ese es otro problema
2 comentarios:
Pero con las intenciones ya vamos a la mitad del camino no? Y con perseverancia... pff! un dia te vas a sorprender de todo lo que has avanzado, igual y a un acróbata chino no le llegas pero dejas al playmobil en el pasado.
saludos!
No tiene nada de malo ser un playmobil... calculá que podes tener un barco pirata o una tremenda nave espacial...
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